La Juventud Comunista se pronuncia sobre SUMAR

Composición cartel y lema de la UJCE

Tras el lanzamiento de SUMAR, a principios de este mes de abril, la Juventud Comunista del PCE (UJCE) emitió un comunicado muy crítico con la iniciativa de Yolanda Díaz y que en buena medida suscribimos.

 solo con la reconstrucción de la herramienta del Partido Comunista con la independencia de nuestra clase como bandera, y generando un contrapoder al margen del Estado, podremos hacer frente a la ofensiva burguesa y acabar con este sistema que nos aniquila y condena.

COMUNICADO

Ayer pudimos ver cómo el último intento de una socialdemocracia en crisis de mantenerse como gobernante y administradora de la miseria capitalista, de un sistema en crisis que está muriendo, fue presentado en el partido de la socialdemocracia.

No queremos una revolución de los afectos, ni la enésima vuelta de tuerca en la construcción de una nueva cortina de humo socialdemócrata para este sistema agotado y en crisis.

Afrontamos todo ello desde la madurez y la crítica sincera, como Juventud Comunista no podemos callarnos ante la undécima reformulación socialdemócrata centrada en la gestión de las crisis capitalistas y limitada al reparto de las migajas que deja este sistema en crisis.

Represión para las organizadas con el beneplácito del mismo Estado que pretenden sustentar, escalada de precios en todos los ámbitos de nuestra vida, precarización acelerada… es la realidad que vivimos las jóvenes de clase obrera en nuestra piel.

Apelamos, no desde el victimismo ni de la derrota, si no desde la firme convicción de que solo con la reconstrucción de la herramienta del Partido Comunista con la independencia de nuestra clase como bandera

Y generando un contrapoder al margen del Estado podremos hacer frente a la ofensiva burguesa y acabar con este sistema que nos aniquila y condena.

Os dejamos la resolución de nuestro Comité Central de diciembre donde profundizamos en la actual crisis de la socialdemocracia.

RESOLUCIÓN

Las distintas elecciones que se celebrarán a lo largo de este próximo año van a acaparar una atención mediática enorme en los medios de comunicación burgueses, en tanto que suponen un mecanismo fundamental para el juego de la representatividad burguesa.

Sin embargo, la participación electoral está completamente alejada de las tareas que hoy nos ocupan como jóvenes militantes revolucionarias, las cuales tienen en su centro la rearticulación del proyecto comunista como desarrollo de un poder independiente del Estado burgués y enfrentado directamente a él.

Desde esta premisa esperamos que sea sencillo comprender por qué como Juventud Comunista (UJCE) no vamos a participar en ninguna medida de las elecciones, a pesar de que nuestro referente partidario sí lo haga. No lo hacemos desde una soberbia infantil, sino desde la firma convicción de que cualquier candidatura constituida desde la base de la desarticulación de la organización revolucionaria del proletariado reproducirá su completa sujeción al programa burgués.

De esto dan cuenta diversas candidaturas autodenominadas como marxistas, transformadoras o revolucionarias que, si bien pueden partir en algunos casos una voluntad comunista entre sus militantes, acaban desplegando una estrategia socialdemócrata en la que el juego parlamentario se ve como un elemento más para “acumular fuerzas” y al que dedican un recetario de reformas que no pueden estar conectadas con una estrategia revolucionaria en tanto que se proponen como parte del accionar de la institucionalidad burguesa.

Entonces, la decisión de no dedicar esfuerzos a “echar una mano” en los trabajos que el Partido Comunista de España realice en torno a las elecciones no solamente nos ayudará a poder centrar nuestras fuerzas en los objetivos que creemos hoy fundamentales para avanzar hacia la reconstitución del proyecto comunista, sino que tiene como primera razón el no querer contribuir más a una dinámica política que ahonda en la postración actual de las fuerzas revolucionarias y que refuerza el régimen burgués.

Así, entendemos que la militancia comunista únicamente debe atender a las elecciones mediante el ejercicio de su agitación y su propaganda. Comenzando por esta última, y aprovechando el impacto comunicativo que tendrán las campañas electorales, no renunciaremos a caracterizarlas como un plebiscito de afirmación de la dictadura burguesa como totalidad de la que no se puede escapar.

A pesar de que hayamos tardado tanto en abordar esta tarea, no podemos asumir el marco de la actual derrota y pensar la denuncia de esta funcionalidad y la negación del propio juego institucional como un maximalismo; hacerlo sería, en definitiva, renunciar en lo concreto a recomponer el programa comunista y claudicar al chantaje de la práctica inmediata.

Todos los niveles institucionales del Estado están determinados por el momento que atraviese la reproducción ampliada del capital, pues su función es la de organizarla y blindarla. Por lo tanto, estas elecciones deparan la elección de una opción de agresivo avance en la desvalorización de la fuerza de trabajo y otra que presentaría la posibilidad de ralentizarlo mínima y temporalmente.

Sin embargo, todos los partidos de régimen que alimentan el juego parlamentario de la institucionalidad burguesa asumen, por condición, los límites marcados por la reproducción del capital, acudiendo a las elecciones para reforzar el propio régimen en su mecanismo de legitimación por la acción de representación-delegación. Por esto hablamos de los partidos de régimen como un conjunto cohesionado en base al sustento de la legitimación del orden burgués mediante la afirmación de una forma pasiva de política (Parlamento burgués) como una herramienta de representación-delegación real.

De hecho, el mantenimiento de la “mejor envoltura que puede tener el capitalismo” es fundamental en momentos de decadencia en los que la toma de decisiones se está desplazando crecientemente a estructuras de mando, administración-control y gestión en los que entra en juego la competencia capitalista a escala supraestatal.

En el nivel de la agitación, y en conexión con el anterior, nuestras tareas pasan por desenmascarar el programa de las distintas facciones sometiéndolos a nuestra crítica. Este ejercicio nunca estará lo suficientemente desarrollado en un contexto de ofensiva burguesa total y en el que queda todo por hacer para romper con la naturalización de las relaciones sociales de producción capitalista.

La crítica de estos programas, pues, debe servir para señalar que las posibilidades del comunismo se encuentran inscritas en las propias formas sociales capitalistas. Y es que, a pesar de la inmadurez que hoy caracteriza al movimiento revolucionario, la crisis de reproducción del capital llama a la articulación de la organización comunista como única alternativa a la barbarie, en tanto que forma consciente y, por lo tanto, indisociable de la primera.

Pero esta última ha de tener una base mucho más amplia que estas tareas acotadas al tratamiento de las elecciones. Nos depara un año que se antoja clave: tenemos la oportunidad de rechazar rotundamente el plebiscito de la dictadura burguesa y deslindar definitivamente los caminos hacia la articulación de un poder independiente del Estado burgués.

La capacidad que tengamos de asentar dicho poder como transformación emancipatoria de las condiciones materiales, como construcción de una nueva sociedad basada en la asociación entre individuos libres e iguales, es lo que habilita realmente el desarrollo creciente de la conciencia revolucionaria.

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