¿Es consecuente criticar a la OTAN pero no a Putin?

Cartel convocatoria en Barcelona

El articulista Aday Quesada acaba de publicar en Canarias Semanal una meditada réplica a los comentarios y denostaciones recibidas a raíz de un artículo que escribió la semana anterior en ese mismo medio, sobre la posición de los comunistas (internacionalistas) con respecto al Gobierno de Rusia y su presidente Putin, en este caso hablando de Niger y del Sahel. Réplica que nos parece interesante por formar parte de un debate frecuente en nuestro medio y entorno y que, en general, puede describirse como de crítica hacia quienes defendemos el planteamiento de «ni OTAN ni Putín» con respecto a la guerra en Ucrania.

Aday Quesada. Canarias-semanal.org

Algunas precisiones necesarias sobre Rusia, China, el capitalismo mundial y los ataques infundados

El pasado lunes, 14 de agosto, recibí de un lector identificado como Eugenio un airado comentario de reproche en relación a mi artículo «¿Tiene algo que ver Vladimir Putin con la solidaridad soviética con África?«.

Escrito de Eugenio:

«Como ha escrito RedStar no voy ni ha (sic) entrar a valorar a esta noticia que se descalifica así misma con el título de la misma. Estos son que dicen ahora estas cosas son los herederos ideológicos de los que decían que Stalin traicionó a España en nuestra guerra de 1936 y a Grecia en la de 1945.

Artículos que supuestamente vienen desde el campo amigo pero que realidad lo único que contribuyen es a confundir a la clase trabajadora, alejándola de la lucha antimperialista y sobre todo del supuesto internacionalismo que dicen defender los escritores de esos artículos. No es mas internacionalista aquel que lo vocea a los cuatro vientos, sino el que lucha contra su propia burguesía. Espero por el bien de este semanario que empezó con buen pie izquierdo reviste y tengo un criterio mas selectivo a la hora de publicar que artículos. Me dirán que es un medio abierto a todas las opiniones, pero es que estas opiniones tienen ya cabida en los medios de comunicación desde la extrema derecha hasta los que se declaran de «izquierdas» como La base. En cambio las voces que combatimos el imperialismo de la OTAN encontramos escasísimos medios donde expresar nuestros medios.

Veo con bastante preocupación el deslizamiento ideológico de este semanario hacia los postulados ideológicos del Occidente otanistas. Es cada vez mayor el numero de articulos de opinion desde el campo trotskista, socialdemócrata, ácrata y ahora de supuestos stalinistas que vienen a converger con la demonización de Rusia o China que no hacen mas que justificar el imperialismo occidental. Los mismos que antes de la caída de la URSS decían que esta era imperialistas ahora nos dicen que era comunista y que Rusia es malisima porque ahora hay un señor que es el presidente llamado Vladimir Putin y es el demonio en cueros, igual que lo fue y lo sigue siendo Stalin. Los mismos que antes decían que Cuba es una dictadura con Fidel Castro ahora, despues de muerto nos dicen que el era el grande y los que hay ahora unos traidores.»

Como quiera que este tema se ha convertido  actualmente en crucial y de mucho interés para todos aquellos que empiezan a detectar el vacio ideológico que se produce alrededor del mismo, me ha parecido oportuno no solo contestar al lector,  sino también, de paso, exponer  cuales son mis interrogantes, dudas y cuestionamientos en relación con el mismo.

Los comunistas, desde hace ya casi dos siglos, tratamos de analizar cuál ha sido y es la dialéctica económica que mueve a las sociedades, a los sistemas políticos y a las formaciones sociales. Analizamos la naturaleza de  la correlación de fuerzas sociales en circunstancias dadas, teniendo siempre en cuenta cuál  es  la ubicación de la  clase trabajadora en el contexto de la lucha de clases establecida a nivel mundial y también en el interior de cada país.

En este empeño procuramos no dejarnos deslumbrar por modas pasajeras que frecuentemente logran atrapar la curiosidad de aquellos que adolecen de cierta indigencia ideológica, pero que también pueden persuadir a muchas personas de buena fe que, sencillamente, no han tenido acceso a las herramientas teóricas que permiten no sucumbir ante dichas modas o que carecen de la fortaleza suficiente para resistirse a las olas de opinión que, por diversos motivos, pueden llegar a convertirse en hegemónicas también en el ámbito de la izquierda. 

Por eso, en el contexto actual, los comunistas y los Partidos Comunistas de todo el mundo que se pronuncian por una transformación radical de nuestras sociedades nos formulamos interrogantes tan elementales como estas:

¿Qué es lo que se disputan en la actualidad los dos grandes bloques de contendientes en la geopolítica mundial?

¿Son motivos de litigio entre los dos grandes bloques (EEUU- Unión Europea contra China -Rusia) algo más que la lucha por la conquista de los mercados y sus correspondientes esferas de influencia económica?

El sistema económico que hoy rige tanto en Rusia como en China es el capitalismo. Un capitalismo emergente, ciertamente, pero que en el caso de China ha llegado a alcanzar la categoria de segunda potencia económica mundial.

La dialéctica que hace funcionar y expandirse  a los países con un capitalismo desarrollado no es otra que la de la conquista de nuevos mercados, librando una dura batalla económica contra sus  rivales internacionales  no solo por apoderarse de esos mercados sino también  por los recursos de aquellos países que, a través de sus propias burguesías, los ponen a disposición del mejor postor.  Para llegar a esta conclusión ni siquiera  se necesita asumir la condición de marxista. Bastaría con observar con cierta atención cuál es el mapa de la la geografía económica mundial  o, simplemente, detectar qué es lo que les sobra a algunos paises y qué les falta a la inmensa mayoría. 

Esa es una ley general que funciona de manera implacable en el desarrollo económico de todos los países con un capitalismo desarrollado. No es esta una mera especulación personal.

Si la curiosidad de Don Eugenio, el comentarista de nuestro artículo le hubiera acercado a la producción teórica de los clásicos del marxismo probablemente coincidiría con lo que aquí y ahora estamos defendiendo. Lenin, por ejemplo, escribió un célebre librito titulado “El imperialismo, fase superior del capitalismo”. En él explicaba de manera muy didáctica en qué consiste y  cuáles son las características de esa etapa. Curiosamente a las tesis sostenidas por Lenin en relación con el desarrollo imperialista le replicaron algunos críticos –Kautsky– que sostenían planteamientos que se parecen al que nuestro comentarista Eugenio esboza como si se trataran de dos gotas de agua.  

La aparición de la etapa imperialista es una característica  inherente al desarrollo capitalista. En la medida  en la que el capitalismo alcanza determinadas cotas en su evolución, la expansión económica, la búsqueda de nuevos mercados y de esferas de influencia aparece como una necesidad. Se trata de una dinámica inherente a este sistema y no tan solo de una de las formas en las que éste puede manifestarse, tal y como explicó en su día Lenin polemizando, entre otros, con el propio  Kautsky.

Para tratar de hacer mas comprensible el fenómeno se puede recurrir a ejemplos simples. En las sociedades capitalistas de mediano desarrollo, los pequeños y medianos comercios y negocios están irremisiblemente condenados a la extinción.  Es algo que hemos podido ir observando a los largo de los últimos años. Cuando un negocio pequeño  o  mediano no crece y se multiplica a través  de nuevas sucursales, termina cerrando sus puertas. ¿Por qué?  Pues, generalmente, porque surgen negocios, económicamente mas potentes, avalados por grandes capitales, con orígenes en países muy desarrollados,  que disponen de capacidad para bajar los precios de  sus ofertas.

Podemos comprender que haya personas, entidades o clases sociales que no compartan la visión marxista o leninista  acerca de cuál es el derrotero presumible de las grandes potencias económicas de nuestro tiempo. No todos coincidimos en los intereses, en la ideología, ni tampoco en las oportunidades a la hora de investigar o sentir curiosidad por explicarnos los fenómenos que rigen el ritmo del  mundo en nuestros días. De manera, D. Eugenio, que puedo entender perfectamente que usted no comparta mis análisis ni mis interpretaciones acerca de determinados acontecimientos mundiales.  Estaría, en cualquier caso, predispuesto a aclararle cuantas dudas o interrogantes deseara usted plantearme acerca de lo que yo afirmo o he afirmado. Pero lo que no puedo hacer, D. Eugenio, es debatir con usted sobre temas de política económica o internacional como si de un «partido de fútbol» se tratara. Ni el marxismo ni el análisis del contexto económico mundial se pueden tratar como si fueran una  querencia deportiva.  Los análisis no son el resultado de piruetas diletantes o frases vacías. Todo lo contrario. La confrontación, la batalla de las ideas a la que se refiriera Fidel, permiten a los que la practican llegar a conclusiones interesantes y esclarecedoras, que pueden ayudar a las clases trabajadoras a despejar caminos, desbrozar dificultades y abrir frentes de lucha.

Ocurre, D. Eugenio, que, como ya he apuntado anteriormente, históricamente los comunistas no nos hemos dejado deslumbrar por las modas. Tenemos muy claro que nuestra orientación política debe venir determinada por la lucha de clases. Y esa referencia la tenemos en cuenta también a la hora de analizar el contexto internacional.

Justamente por esa razón en relación con las dudas que usted plantea en su breve y agrio comentario nos preguntamos:

¿Pueden representar las multinacionales capitalitas chinas  los intereses de la clase trabajadora mundial? ¿Y las rusas

Pero vayamos aún más allá:

¿Lo que se produjo en Rusia entre 1990 -1991 no fue una contrarrevolución política, económica y social en lo que hasta entonces había sido la primera experiencia socialista en la historia de la humanidad?

¿No sucedió algo similar en China entre los finales de los años 70 -80, cuando sectores burocráticos del Partido Comunista chino acabaron con aquellos, -incluida la propia esposa de Mao Tse-tung-, que pretendían dar continuidad a los avances y conquistas socialistas en la sociedad china?

¿Qué tipo de formaciones sociales económicas fueron las que sustituyeron a las que hasta entonces existían en esos países?

¿Capitalistas? ¿Socialistas? ¿O una suerte de comme ci, comme ça?

En su comentario crítico, D. Eugenio ha realizado una operación cosmética que no nos ha parecido muy honesta. Ha tratado de tratar como a tondos  a los lectores de este digital. ¿De que manera? En apenas unas líneas ha intentado construir las características ideológicas de un polichinela imaginario para endosársela no solo al autor de este artículo, sino también al propio digital. Eso no es correcto, D. Eugenio.

Veamos como lo hizo. Según D. Eugenio, quienes no defienden las tesis del «capitalismo con peculiaridades chinas», o del capitalismo ruso con vocación histórico-imperial, no puede ser más que agentes encubiertos de la CIA, del Mossad o vaya usted a saber de qué otros servicios de la Inteligencia imperialista.

Por esa razón, D. Eugenio se enfada cuando le recordamos que gracias a que ni Rusia ni China vetaron la intervención de la OTAN en Libia esa organización imperialista pudo bombardear ese país africano contando con la «legalidad» de la ONU. No argumenta, no desmiente, pero se agarra un gran cabreo porque hemos citado un acontecimiento que se produjo realmente y que cualquiera puede constatar.

Cuando citamos el bombardeo de Libia, que ha sido la mayor catástrofe bélica y humana que se ha producido en el norte de África en el último siglo, omite la cuestión o trata de «dejarla en el aire», como hace otro comentarista que se firma como Redstar.  Pero esa no fue una cuestión baladí. Al renunciar al veto que podían haber ejercido en el Consejo General de las Naciones Unidas, Rusia y China permitieron que las fuerzas aéreas de la OTAN pudieran acabar con el régimen reformista de Muamar el Gadafi, el socialmente más avanzado en todo norte africano. No se trata de una invención. Son hechos fácilmente constatables a través de una facilísima consulta en Internet.

Los comunistas, por razones históricas, estamos adiestrados en tratar de discutir con argumentos, con datos fácticos, constatables. Y cuando hemos cometido el error de dejar de hacerlo lo hemos tenido que pagar muy caro. Por eso, justamente, estamos prevenidos frente a ese tipo de deformación.

D. Eugenio, en su réplica a mi comentario sobre la exposición de murales de hace unas semanas en el antiguo Leningrado parece haberle molestado que recordara esos acontecimientos. Cierto es que no pocos «progres» españoles aplaudieron con las orejas la devastadora intervención en contra del pueblo libio. ¿Por qué cree usted que lo hicieron?

Usted, D. Eugenio, además de estar un tanto despistadillo en lo que a mis posiciones  ideológicas se refiere, recurre a la muy utilizada falacia del hombre de paja, contruyéndose un contradictor imaginario al que posteriormente ataca.  Para descalificarnos no utiliza argumentos, solo epítetos. Por ejemplo, pretende sacarnos del cuadrilátero calificándonos nada menos que de«troskistas». No argumenta qué razones tiene  para adjudicarnos ese calificativo, cuando no han sido precisamente los troskistas, sino la mayor parte de los Partidos Comunistas no eurocomunistas del mundo, los que han mantenido públicamente los mismos criterios de independencia de clase que yo sostengo.

Nosotros los comunistas, D.Eugenio, tenemos muy claro que lo primero que nos toca hacer es luchar contra nuestras propias burguesías y en contra de las organizaciones militares multilaterales como OTAN. Pero, mire por donde, a lo peor también, contra Ejércitos privados tipo Wagner, dirigidos y financiados por oligarcas al servicio de las hoy clases hegemónicas rusas que, un desgraciado día para la historia de la Humanidad, acabaron con la Union Soviética, el primer país que construyó el socialismo en este planeta.

Y es que usted, a estas alturas, D. Eugenio, debería saber que para la clase trabajadora mundial, los enemigos coyunturales de nuestros enemigos no tienen que ser necesariamente nuestros amigos, aunque no dejemos de aprovechar de manera favorable a los intereses de los pobres del mundo las contradicciones que puedan existir entre ellos.

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