Evacuación forzosa: próxima etapa de la limpieza étnica sionista

Foto de palestinos transitando por una carretera

Andre Damon. Wsws.org

Durante la semana pasada, las fuerzas israelíes arrojaron panfletos sobre importantes ciudades del sur de Gaza, incluyendo Jan Yunis, ordenando que la gente evacúe o se enfrente al peligro de morir. El desplazamiento de la población en el sur de Gaza representa la próxima etapa de la limpieza étnica de Palestina que está siendo ejecutada por Israel con el apoyo de Estados Unidos y las potencias imperialistas europeas. Unos  procesos de «despoblación» que combinan expulsiones masivas, masacres e inanición.

Es evidente que Israel ha utilizado los ataques del 7 de octubre como un pretexto para una despoblación sistemática de Palestina que habían planeado hace mucho. Ésta comenzó en el norte de Gaza y ahora se está extendiendo al sur de Gaza y continuará hacia Cisjordania.

“Vieron lo que le pasó a la Ciudad de Gaza”, dijo Mark Regev, un asesor del primer ministro israelí, a Sky News. “Jan Yunis también es un centro de la actividad de Hamás. Estamos pidiendo que los civiles evacúen el área por su propia seguridad. No queremos que queden atrapados en el fuego cruzado”.

Sobre “lo que le pasó a la Ciudad de Gaza”, Regev se refería al bombardeo sistemático que destruyó o daño el 40 por ciento de los hogares de Gaza y devastó sus instalaciones médicas, la distribución alimentaria y los sistemas de tratamiento de agua. Todas las panaderías de Gaza cerraron y no hay trigo disponible a ningún precio. No hay ni comida, ni agua, ni servicios de salud.

Casi tres cuartas partes de la población de Gaza —es decir, 1,5 millones de personas— han sido internamente desplazadas. La cifra oficial de muertos, que no ha sido actualizada por cinco días por el colapso del sistema de salud, supera 11.000. En medio del asalto israelí al hospital Al-Shifa, 40 pacientes —incluyendo cuatro bebés— han fallecido por la falta de electricidad.

Los comentarios de Regev fueron acompañados por una gráfica que destacaba un área compuesta por una tercera parte de Gaza donde los palestinos están siendo ordenados a evacuar. En combinación con la demanda previa de que los palestinos debían migrar del norte de la Franja de Gaza al sur, al menos cuatro quintas partes del país están siendo convertidas en una zona con vía libre para atacar. La ciudad al extremo sur de Rafa es el único refugio. Pero incluso las zonas “seguras” están siendo bombardeadas continuamente.

El mes pasado, la publicación en hebreo Mekomit publicó un documento filtrado del Ministerio de Inteligencia israelí, donde abogaba por que Israel “evacue a la población civil al Sinaí”, donde vivirán bajo carpas y se les impedirá regresar a sus hogares. Entre bastidores, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha estado presionando a Egipto para que permita la expulsión de la población de Palestina al desierto del Sinaí.

Pero ahora los políticos israelíes están discutiendo estos planes en público. El pasado fin de semana, el miembro del gabinete de seguridad israelí y ministro de Agricultura, Avi Dichter, miembro del partido Likud de Netanyahu, declaró: “Ahora estamos poniendo en marcha la Nakba de Gaza”. La Nakba, que significa “catástrofe” en árabe, se refiere a la expulsión masiva de unos 700.000 árabes palestinos de su patria en 1948.

En La limpieza étnica de Palestina, el historiador israelí Ilan Pappé describe cómo el movimiento sionista puso en marcha un plan deliberado (“Plan Dalet”) destinado a expulsar a la población palestina de lo que se convertiría en Israel. La historiografía oficial israelí afirmaría más tarde que el pueblo palestino se marchó “voluntariamente”, pero es mentira.

“Los enfrentamientos con las milicias palestinas locales”, escribe Pappé, “proporcionaron el contexto y el pretexto perfectos para poner en práctica la visión ideológica de una Palestina étnicamente limpia. La política sionista primero consistió en represalias por los ataques palestinos en febrero de 1947, y se transformó en una iniciativa para limpiar étnicamente el país en marzo de 1948”.

Pappé explicó que este plan ha estado en marcha durante décadas. “El objetivo siempre ha sido, y sigue siendo, tomar control de la mayor parte posible de Palestina con el menor número posible de palestinos”, dijo en 2004. Este es el plan que se está aplicando ahora.

Los funcionarios israelíes están pidiendo otra expulsión “voluntaria” de palestinos. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, pidió el martes “la inmigración voluntaria de los árabes de Gaza a los países del mundo”, que era la “solución humanitaria correcta”. Y añadió: “La acogida de refugiados por parte de los países del mundo que realmente velan por sus intereses… es la única solución que pondrá fin al sufrimiento y al dolor de los judíos y los árabes por igual”.

En sus acciones genocidas, Israel cuenta con el pleno respaldo y apoyo de la Administración de Biden y de las potencias imperialistas europeas. El 9 de noviembre, Biden declaró que un alto el fuego en Gaza “no es posible”. El 7 de noviembre, la Casa Blanca afirmó categóricamente que “no tiene líneas rojas” o límites sobre el número de civiles que Israel podrá matar. Después de cada bombardeo de una escuela, hospital o campo de refugiados, el Gobierno de Biden ha declarado que Israel tiene “derecho a defenderse”.

La expansión de la “zona con vía libre para atacar” al sur de Gaza y el asalto al hospital Al-Shifa fueron precedidos por la “Marcha por Israel” en Washington D.C., donde los líderes demócratas y republicanos lideraron los cánticos de “¡No al alto el fuego!”.

El respaldo total del imperialismo estadounidense al genocidio de Israel pone al descubierto, para el resto de los tiempos, la mentira de que la política exterior de Estados Unidos tiene algo que ver con los “derechos humanos”. A lo largo de la década de 1990, Estados Unidos utilizó acusaciones de “limpieza étnica” para justificar intervenciones militares en los Balcanes, que culminaron con el bombardeo de Serbia en 1999. Pero el aliento sistemático de la Administración de Biden a la limpieza étnica de Israel deja claro que la fingida preocupación por los “derechos humanos” no era más que un pretexto para su objetivo declarado de disolver Yugoslavia con el fin de colocar a los Balcanes bajo el dominio de Estados Unidos y la OTAN.

Del mismo modo, en la guerra del imperialismo estadounidense contra Rusia en Ucrania y en la escalada militar contra China, Estados Unidos acusa de genocidio a sus adversarios. En abril, le preguntaron a Biden: “¿Ha visto pruebas suficientes para declarar un genocidio en Ucrania?”, a lo que respondió: “Sí, lo he llamado genocidio. Cada vez está más claro que Putin está intentando eliminar la idea de ser ucraniano”. Estados Unidos acusa a China de llevar a cabo un “genocidio” contra su población musulmana en la provincia de Xinjiang. Todas estas afirmaciones han quedado al descubierto como meras tapaderas propagandísticas para las acciones militares estadounidenses.

El genocidio de Israel en Gaza ha provocado una oposición masiva en todo el mundo. Millones de personas han tomado las calles en todos los continentes habitables, incluyendo manifestaciones de cientos de miles en Estados Unidos y otros países de la OTAN.

Pero estas protestas masivas no han hecho sino profundizar la intransigencia de la Administración de Biden para facilitar el genocidio israelí. Esta semana, la policía del Capitolio atacó a un grupo de manifestantes en el Comité Nacional Demócrata, hiriendo a seis personas, mientras que las principales plataformas tecnológicas como Twitter y TikTok han censurado las declaraciones de oposición política al genocidio de Israel.

Hay que sacar lecciones. No es posible convencer a los Gobiernos responsables por las acciones de Israel de que cambien de rumbo. Detener el genocidio de Israel requiere la construcción de un movimiento de masas en la clase trabajadora dirigido a romper el poder de la oligarquía financiera y acabar con el sistema capitalista, que es la causa fundamental de la guerra.

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