Europa Laica denuncia la visita al Vaticano de Yolanda Díaz

Apretón de manos entre el papa Francisco y Yolanda Díaz

La reunión y foto de la vicepresidenta de España con el papa Francisco y sus elogios al mismo como el mejor embajador del trabajo decente en el mundo levanta amplias suspicacias desde todo punto de vista. Por la falta de compromiso laico de un gobierno que se supone progresista antes que reaccionario, y por la falta de credibilidad de la propia ministra de trabajo por buscar legitimación en la religión, y entrar con buen pie en la campaña electoral gallega…

Como señala Nueva Tribuna, la vicepresidenta de España, representando al Gobierno de la nación, ha vuelto a «excursionar» al Vaticano y con «emoción» intercambia distintos regalos y conversa con el papa sobre asuntos en los que el representante de la Iglesia católica no tiene nada relevante que decir al conjunto de la ciudadanía.

Dice la sra. Díaz que el papa es: «el mejor embajador del trabajo decente en el mundo», una calificación bastante chocante en una institución donde sus trabajadores y trabajadoras «consagradas» se inician a edades muy tempranas y trabajan en condiciones de pseudo-esclavitud, donde la vida laboral y privada se confunden, prohibiéndoles formar sus propias familias.

Sus declaraciones y actitud hacia el representante de una teocracia más parecen de una groupie-hincha que de la enviada gubernamental de un país democrático con graves conflictos en la aconfesionalidad que se plasman en privilegios antidemocráticos que ni siquiera se han mencionado y podrían resumirse en:

Derogación de los Acuerdos de 1979 con la Santa Sede.

La Iglesia católica se debe autofinanciar y pagar impuestos.

La religión debe salir del currículo y de la escuela.

• El escándalo monumental de las inmatriculaciones realizadas por la Iglesia católica.

• La pederastia en el seno de la Iglesia española.

Que la vicepresidenta visite el Vaticano a conversar informalmente de asuntos que no le competen y deje de tratar los graves privilegios mantenidos desde la dictadura católica parece una broma pesada y una muestra más de la nula intención gubernamental de darles solución con legitimidad y responsabilidad.

Europa Laica, desde su defensa de una laicidad del Estado, que no entiende de creencias particulares sino de simple democracia y defensa de lo público, denuncia el encuentro con el responsable de una organización absolutista y machista como una casposa operación de imagen, contraria a los intereses generales, y exige que el Gobierno de España cumpla con la aconfesionalidad del Estado que proclama la Constitución.

El extraño olor a incienso de Yolanda Díaz

Antonio Gómez Movellán, de Europa Laica ha publicado la siguiente valoración en la web de la asociación:

«Yolanda Díaz, en un alarde de electoralismo de la peor especie, se ha reunido de nuevo con el Papa de Roma despreciando y pisoteando el laicismo institucional, intentado obtener credibilidad social en la iglesia católica cuando apenas se tiene electoral. Se pretende obtener una unción sagrada para legitimar un discurso político que cada vez es más contradictorio y vacío. La actitud de Yolanda Díaz es propia de los políticos que desprecian el secularismo y el laicismo institucional, intentado legitimarse en la religión y no en la acción cívico política. Pero, además, el personaje Francisco, que Yolanda nos lo presenta como un faro de la espiritualidad mundial, fue, cuando era Bergoglio y provincial de los Jesuitas de Argentina ,un colaborador con la dictadura de Videla y denunciante de curas de la teología de la liberación y , cuando ya era Arzobispo de Buenos Aires, el enemigo número uno de la libertad sexual de las mujeres y homosexuales ya que llegó a calificar de “diabólico” el tímido proyecto de unión civil de homosexuales propuesto por el gobierno de Kirchner; con el fin de lavar la tenebrosa realidad de su pasado colaboracionista con la dictadura argentina y figura conservadora en la iglesia católica de su país, ha promocionado multitud de campañas de autobombo y empalagosas películas hagiográficas , presentándose a sí mismo como un paladín de las reformas en la iglesia, reformas que, por otro lado, nos son más que medidas cosméticas para intentar frenar el descrédito cada vez mayor del catolicismo.

Pero, además, si Yolanda Díaz quiere representar un espacio de izquierda política parece contradictorio que lo haga alabando al cabeza de una institución tan retrograda y reaccionaria como la Iglesia católica que, en nuestro país, ha tenido- y tiene- tanta responsabilidad en la opresión ideológica de la sociedad. Repitió, en rueda de prensa Yolanda Díaz, por dos veces: “El papa Francisco es el mejor embajador del trabajo decente en el mundo “. Yolanda Díaz debería saber que la iglesia católica y sus miles de instituciones y órdenes y congregaciones religiosas mantienen a sus trabajadores y trabajadoras, por todo el mundo, en condiciones indignas. Así la Unión Internacional de Superioras Generales, que representa a medio millón de religiosas católicas, han denunciado que trabajan en condiciones de semiesclavitud sujetas a una estricta jerarquía eclesiástica, sin contrato laboral ni reglas específicas. Pero, además, han denunciado, que, desde el Vaticano, solo han recibido un trato como si fueran “niñas menores de edad”. Pero mas allá de las religiosas y monjas están los millones de asalariados o “voluntarios a la fuerza” en las miles de instituciones de la iglesia católica por todo el mundo, los cuales mantienen niveles salariales y condiciones laborales muy por debajo de los estándares corrientes y en ocasiones sujetos a presiones y coacciones ideológicas típicas del clientelismo clerical. No por casualidad la iglesia católica fue la última religión del mundo en condenar el esclavismo.

Que la representante de la izquierda más a la izquierda pretenda legitimarse en la religión y proclamar, por dos veces, al Papa de Roma como el paladín en la lucha por el trabajo digno además de ser una burda mentira, presenta a la religión como algo superior o más espiritual que lo civil como si el humanismo secular necesitara de la sanción moral religiosa para ser más creíble. Y en todo caso es intolerable que, en un Estado que se dice aconfesional, una ministra, sea de derechas o de izquierdas, utilice la religión para hacer electoralismo como lo ha hecho Yolanda Díaz vestida de riguroso negro, al estilo de una puritana evangélica del siglo XIX.»

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