Elecciones y “bien mejor”

Foto de una mesa electoral con las papeletas de voto

Faltando apenas días para las próximas elecciones locales y autonómicas, que a su vez abrirán un nuevo ciclo con las generales de finales de año, algunos análisis empiezan a señalar la extensión de una suerte de «orfandad electoral» entre amplios sectores de la población.

Un articulista de la República, por ejemplo, apunta que «Un votante contrario a la UE y a la OTAN no tiene un partido al que respaldar» en las elecciones próximas. Coincidimos, pero faltaría añadir una tercera pata de la arquitectura de nuestro sistema político: la monarquía, amparada por la defensa inquebrantable de la Constitución de 1978 que también secundan las principales opciones representadas en las instituciones y gobiernos actuales.

Por fuera de la adhesión a estos tres ejes: Monarquía parlamentaria, UE y OTAN, el universo de la exclusión política y social sigue creciendo. Están quienes desconfían de los partidos y lideres políticos por razones que pueden ser concretísimas. También, como hemos mencionado, quienes rechazan las instituciones de la monarquía parlamentaria y su ordenación centralista, así como los y las que repudian la pérdida de soberanía que igualmente suponen la pertenencia a la Unión Europea del capital y a la OTAN. Sin olvidar, por último, a los y las que militan o militaban en partidos de «izquierda», otrora críticos con los tres ejes citados y que se encuentran hoy con unos dirigentes con melifluos discursos y focalizada aspiración de ocupar o seguir ocupando ciertos cargos y sillones.

Otro periodista, también hace poco, advierte en «Los votantes huérfanos» del peligro de que crezca la abstención en las próximas convocatorias. Lo que se debería, según su particular juicio, al crecimiento de la pobreza en determinados territorios ampliando la desafección política e institucional dentro de ellos. Y, más en general, a la falta de debate político y mucho menos de propuestas sustantivas entre las fuerzas políticas encaramadas en las instituciones y medios de prensa.

Seguramente, por todo ello, es por lo que arrecian últimamente en los medios las proclamas favorables al «voto útil» o a apoyar la opción «menos mala», para evitar -justifican- que la situación económica y social que vivimos empeore, como podría llegar a ocurrir de gobernar la “derechona”.

Pero se trata de argumentos endebles y que descansan sobre comunes  “malentendidos”. Como considerar que el voto dado a una opción política realmente puede servir para que este partido (a su vez, probablemente, dentro de un gobierno multipartidista) cumpla y aplique lo prometido en su programa electoral. O ignorar, por otra parte, que el voto delegado a determinados representantes políticos según la ley vigente jamás les puede obligar o constreñir sus actuaciones como electos, de modo que tengan que cumplir lo prometido. Además de que los puestos de representación política siempre pertenecen personalmente al electo, no al partido con el que se presentó.

Esta es la “democracia”, o más propiamente “parlamentarismo”, que los marxistas llamamos «burguesa» y que criticamos porque sirve fundamentalmente para reproducir y preservar la explotación capitalista y la dominación política e ideológica sobre las masas. Para avanzar hacia el socialismo, la clase trabajadora debe constituir sus propios sistemas de poder y de representación política directa, no delegada. Debe organizar y fortalecer su propio referente político partidista, siempre independiente del orden burgués a combatir.

Seguramente serán bastantes los y las que, sintiendo el vacío político imperante en las instituciones, incluso con indignación por los programas electorales que postulan ahora los partidos de “izquierda”, finalmente opten por el “mal menor” de votar para cerrar el paso a la derecha y a la ultraderecha. Aun sabiendo que están apoyando unos partidos y unos programas electorales que no recogen las reivindicaciones manifestadas ni las aspiraciones expresadas por la clase obrera y los pueblos de España, muy en particular el rechazo a la guerra e inmediato alto el fuego, o la consigna tradicional del movimiento obrero y pacifista de derivar los gastos militares para presupuestos sociales.

Como trabajadores y trabajadoras, en lugar de resignarnos al mal menor habría que avanzar por un «bien mejor«, contribuyendo a articular un referente político de nuestra clase, reiteramos que independiente de la institucionalidad burguesa como condición necesaria para cambiar la sociedad que vivimos.

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