El actual régimen sigue blanqueando el franquismo y la represión político-social

Caratula del libro publicado por Juan Miguel Baquero

Cada vez más hechos demuestran que el fracaso de la coalición PSOE-UP a la hora de derogar la Ley Mordaza, como se prometió inicialmente, constituye mucho más que un simple incumplimiento. Forma parte en realidad de una política de defensa de la actual monarquia parlamentaria, heredera del régimen franquista, basada en dos mecanismos.

Primero, tergiversar la memoria histórica para justificar la impunidad y el silencio sobre los crímenes de las «fuerzas del orden». Segundo, amparar y gratificar incluso las prácticas represivas del estado contra la disidencia política y social, aspecto que abordamos en una segunda entrega.

Blanqueando el franquismo como nueva política de la memoria

El pasado 21 de octubre entró en vigor la nueva ley de «memoria democrática» , propuesta por el partido socialista en el gobierno. Una ley apoyada por una mayoría del arco parlamentario actual y que sigue manteniendo la impunidad judicial de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura y posteriormente, al tiempo que ampara una amplia «re-definición» del relato sobre los hechos acontecidos.

Como muestra el titulo de esta Ley, la memoria histórica del franquismo pasa a definir como «memoria democrática» una serie de disposiciones, con las que se dice pretender «recuperar» colectivamente lo sucedido durante los más de 40 años de dictadura brutal y sangrienta de Franco. Sin embargo ¿qué parte de esta historia terrible que vivieron los trabajadores y pueblos de España, así como sus familias y descendientes, puede considerarse democrática?.

Otra prueba de esta reconsideración, entre muchas, es la reiteración de que la sublevación fascista contra la II República fue una «guerra civil» entre dos bandos, de modo que, para recuperar esta memoria «democrática» ahora hay que amparar a unas y otras víctimas. Como si no hubieran existido ya, durante las largas noches franquista y postfranquista, un recurrente homenaje, reconocimiento y gratificación de los (y las) «caídos por Dios y por España«.

Algunos casos concretos

Imagen del Proyecto del Museo de la Guerra Civil en Teruel
Proyecto del Museo de la Guerra Civil en Teruel

Recientemente, algunos medios de comunicación informaron de la próxima creación en Teruel de un «museo de la guerra civil». Proyecto que contiene «un Memorial con los nombres de todas las víctimas de la guerra, sin distinción alguna entre los componentes de ambos frentes«.

La fuerza del mensaje de esta instalación -argumentan sus promotores- consiste en no ahondar en las diferencias entre los bandos, sino en mezclar los nombres de los muertos de una forma que nunca hubiera sido posible en vida”. Aunque ello implique renunciar, añadimos nosotros, tanto a la justicia siempre debida a las víctimas como a su dignidad.

Actúan, pues, como si la sublevación fascista y sus consecuencias genocidas nunca hubieran existido en realidad, manteniendo por ejemplo el mismo espíritu del «Valle de los Caídos» donde yacen los restos de víctimas y de verdugos.

Del mismo modo, haciendo honor a los nuevos conceptos y principios memorialistas del gobierno de coalición, también se ha difundido estos días la noticia de que el Museo Picasso de Málaga ha reinterpretado el más que célebre cuadro ‘1928-1938 El minotauro y otros monstruos’, afirmando en la explicación de su contenido:

Cuando las tensiones políticas de los años veinte se intensificaron provocando la guerra civil española en los años treinta, Picasso se apropió de este mito griego para exponer la violencia latente en la naturaleza humana… Sus imágenes casi abstractas de cabezas de mujeres evocan tanto la agresión como el deseo”.

Como denuncia la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), es evidente el propósito deliberado de tergiversación histórica y política de nuestro inmediato pasado. Interés que, en este caso particular, ofrece a los y las sufridas visitantes un falso relato de la mal llamada guerra civil, exculpatorio de los golpistas y de los regímenes fascistas que colaboraron con las fuerzas fascistas españolas para instaurar una dictadura de cuarenta años.

El lenguaje siempre «significa», y responsabilizar de la guerra a las tensiones políticas, así como vincular las imágenes del cuadro de Picasso a un asunto de deseo y violencia innatas, suponen el más burdo negacionismo y blanqueamiento de quienes dieron un golpe de Estado y no escatimaron en el uso de una terrible violencia contra la población.

También en estos días, se han conocido otros hechos que sumar al largo repertorio de agravios contra la justicia y los derechos más básicos. Agravios que muestran que el actual régimen y su gobierno de coalición PSOE-UP siguen amparando e incluso premiando actuaciones de las fuerzas de seguridad manifiestamente contrarias a un estado de derecho. Hablamos de esto en una entrada próxima.

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