Mallorca lucha contra el turismo masivo y la especulación inmobiliaria

Manifestación ciudadana en La Palma contra el turismo masivo

La movilización del pasado 25 de mayo en Palma, bajo el lema Mallorca no es ven (Mallorca no se vende) pone de manifiesto la situación insoportable para quien vive y trabaja en la isla. Una situación en la que se han ido uniendo varios factores interrelacionados, y que va más allá del problema de la masificación turística: Mallorca se ha convertido en una isla de sirvientes para los ricos del norte global. Pero otras comunidades autónomas también están siguiendo la misma senda…

María Gómez Garrido. Vientosur.info

Mallorca despierta: luchas frente al turismo masivo y la especulación inmobiliaria

Los inicios

Las Baleares fueron un foco de atracción para los viajes de las élites europeas ya en los años veinte y treinta del siglo XX. Sin embargo, lo que se configura a partir de los años cincuenta es algo completamente diferente: un proyecto de economía política del régimen franquista que condicionará el futuro de las islas. En un contexto de apoyo internacional al país, el régimen se implica en diversos planes para la entrada de moneda y capital extranjero, volcándose especialmente hacia la industria turística. El archipiélago balear será uno de esos lugares elegidos para desarrollar esta forma de capitalismo, pudiéndose apoyar en los recursos naturales disponibles y mano de obra barata1/. Se inicia así un proceso de acumulación capitalista través de la industria turística, la cual jugará un papel clave en la entrada y salida de cada una de las crisis.2/

Como parte de las dinámicas de acumulación capitalista, el monocultivo turístico ha requerido la intensificación y presión sobre el territorio: ofrecer más plazas, lograr más vuelos para la llegada de turistas, construir nuevos inmuebles y transformar los usos de espacios de residencia y ocio para el turismo. Ello ha tenido consecuencias devastadoras sobre los recursos naturales, y sobre las personas que viven y trabajan en estas islas. Documentales como Tot Inclòs, realizado en los años previos a la pandemia, muestran de manera detallada el progresivo agotamiento de los recursos naturales, la privatización de los espacios y de explotación de la mano de obra, como parte los procesos de acumulación por desposesión.3/

La confluencia de diversos modelos de explotación turística

Durante algunas décadas el mito de la relación entre crecimiento turístico y bienestar de la población pudo acallar malestares ya existentes. Desde los distintos gobiernos ha sido habitual citar las cifras de PIB de Baleares con orgullo, o pretender que en las islas no había los problemas de desempleo estructural que afectaban a otras zonas del Estado español. De manera progresiva fue aumentando el porcentaje de personas que dependían del turismo para su supervivencia al tiempo que se destruían otras actividades.

Hay que señalar que, si en las primeras fases de la industria turística balear, jugaron un papel central los turoperadores en alianza con los hoteleros, poco a poco, y como parte de los procesos de transformación y reconversión del capitalismo, se irán incorporando otros actores, como los fondos de inversión o plataformas de alquiler turístico. Actores a veces en conflicto entre ellos, pero que de igual manera generan dinámicas de apropiación y explotación de recursos naturales y mano de obra para la obtención de rédito.

El primer modelo dio lugar a un perfil particular de turista, el que va en un paquete cerrado con todo incluido en un hotel. Hay nombres hoy bien conocidos de familias mallorquinas que inician este tipo de actividad en la periferia del placer4/, siempre con el apoyo del régimen franquista, y que tendrá grandes éxitos a lo largo de décadas. Una vez controlado el mercado balear, necesitarán extenderse por otros territorios. Es así como se inicia lo que Blàzquez, Cañada y Murray han denominado la balearización del Caribe, la exportación de un modelo de explotación turística a través de la desposesión de las poblaciones locales.5/

El segundo, tiene que ver con la salida de la crisis de 2008, la financiarización de los hoteles (con el desembarco en las islas de fondos de inversión como BlackRock), y la expansión de las plataformas de alquiler turístico. La presión turística deja de estar localizada en determinadas zonas y se extiende por todo el territorio de las islas. A su vez, se multiplica el tipo de oferta turística, más allá de su histórico atractivo principal de sol y playa. Rutas a bodegas, meditación o tratamientos naturales en el SPA de un agroturismo, o convertir la Tramuntana en un lugar de entrenamiento para ciclistas de todo el mundo (una de las principales apuestas para la desestacionalización de la industria).

Este turista ya no se queda encerrado en un resort todo incluido, manteniéndose al margen de la población local y del resto del territorio; es el que alquila coche, y desea descubrir nuevos lugares con encanto. La depredación se expande así por todo el territorio. Las personas que habitan y trabajan en las islas empiezan a padecer los problemas de la masificación cuando se inicia la temporada. Se dan situaciones paradójicas, como colas de horas para acceder a una cala, o para hacerse una foto en un cabo. El dilema del turista está servido6/, y es posible que algunos de los propios viajeros vivan con horror la experiencia.

Baleares apostó por el refuerzo de la industria turística tras la crisis financiera del 2008. En los años siguientes comienza un crecimiento sin precedentes de la llegada de turistas a las islas. Mientras las cifras del PIB y del empleo parecían indicar un supuesto milagro económico, quienes vivían en ellas empezaron a sufrir otras realidades: atascos permanentes de tráfico, hordas desembarcando de megacruceros, playas y enclaves saturados, privatización y deterioro de espacios naturales.

La apuesta por el monocultivo, con un alto componente de dependencia del turismo extranjero, ha sido también su talón de Aquiles, como se demostró en la crisis de la COVID-19. Baleares fue una de las comunidades más golpeadas y con un mayor aumento relativo de la pobreza en comparación con el resto del Estado7/. Un contexto que podría haber sido una oportunidad extraordinaria para repensar las formas de vida en las islas. En lugar de ello, en los inicios del desconfinamiento, el gobierno responsable y los hoteleros montaron una escena al más puro estilo de Bienvenido Mr. Marshall para recibir a los turistas alemanes.

Está por ver ahora los sustos que sigue dando un modelo tremendamente vulnerable y sujeto a los vaivenes de las finanzas globales, como ya ha mostrado la desaparición del turoperador británico Thomas Cook, y la actual quiebra del turoperador alemán FTI.

A la intensificación del turismo de masas se ha sumado otra política con consecuencias devastadoras: promocionar las islas para turistas y residentes de alto poder adquisitivo. Respecto a lo primero, ha sido una constante de los sucesivos gobiernos de Baleares querer atraer al turista de renta alta. Así se explica, por ejemplo, que unas islas con graves problemas de falta de reservas de agua dulce, son una de las comunidades autónomas con más campos de golf. 8/

En esa línea, las críticas al turismo de borrachera en el debate público no han dado lugar a un análisis sobre las consecuencias del turismo en las islas, sino que se ha insistido en atraer un “turismo de calidad”. Detrás de este discurso se encierra una demonización del turista de clase trabajadora9/, y la apuesta por un turista con poder adquisitivo, cuyo comportamiento en público quizás no resulte tan escandaloso, pero que tiene un impacto más depredador sobre el territorio.

La política financiero-inmobiliaria: Geografías de la desposesión

Además del atraer al turista de campo de golf y yate, las Baleares han entrado en una dinámica de venta del territorio a inmobiliarias y particulares extranjeros. Si nos centramos en Mallorca, gran cantidad de inversores se han ido haciendo con inmuebles, bloques enteros, con el fin de reconvertirlos en viviendas de lujo, destinadas al alquiler o la venta. Se ha dado así una radical transformación del paisaje urbano en los últimos años, con la gentrificación de barrios enteros de Palma (Santa Catalina, la Llotja, Sa Gerreria, actualmente Pere Garau…)10/. El estudio de Sònia Vives-Miró muestra cómo ese proceso no es gratuito: hay una correlación directa entre los desahucios por alquiler y las ejecuciones hipotecarias y la llegada de estos nuevos inversores11/. Se genera así una dinámica de acumulación por desposesión de vivienda. En definitiva, la muerte de formas de vida, la angustia para muchas personas que son expulsadas del lugar donde viven y trabajan. Esta lógica de expulsión para revaloración del territorio se está extendiendo por la geografía de la isla, y puede observarse también en pueblos como Esporles, Santa Maria, Sencelles, o Sineu.

La política iniciada en 2013 por el gobierno de Rajoy de concesión de golden visa para aquellos extranjeros extracomunitarios que compraran una vivienda de al menos 500.000€ ha tenido consecuencias importantes en todo el Estado español durante las siguientes décadas. El gobierno de Sánchez se ha planteado parar esta medida sólo hace un mes. Aunque en realidad en Baleares un porcentaje alto de esa compra de vivienda de alto precio se lleva a cabo por extranjeros de la propia Unión Europea. En el conjunto del Estado español se puede ver que, como demuestra el siguiente gráfico de José Manuel Naredo, tras el pinchazo de la última burbuja, la inversión extranjera en inmuebles ha alcanzado unos niveles sin precedentes haciendo repuntar los precios en las zonas más demandas:

Gráfico de José Manuel Naredo

Como el propio Naredo señala, existen otros mundos inmobiliarios posibles; todo ello depende de qué políticas se lleven a cabo. En el caso de la vivienda, el Estado español no se caracteriza por la inacción, sino por la ausencia de una política de vivienda social y una promoción de las lógicas de especulación.

La relación entre el volumen de compra por parte de rentas altas extranjeras y la subida de los precios ha marcado también a Baleares. El archipiélago se ha convertido en un lugar particularmente atractivo para segunda residencia. Además, tras la pandemia de la COVID-19, y con la extensión del tele-trabajo, la compra de vivienda por extranjeros en las islas ha sido imparable.

El estudio sobre exclusión residencial en Baleares, realizado por el Observatori Social de les Illes Balears,12/ muestra un panorama dramático en el que la vivienda es un factor clave de pobreza y exclusión social en las islas. No sólo ha aumentado el número de personas sin hogar, ha crecido de manera exponencial el número de personas en situación de vulnerabilidad residencial (sin espacio adecuado, con riesgo de desahucio, sin acceso correcto a suministros…). Los precios se hacen absolutamente inasumibles para la media de los salarios de las islas (esos salarios que dependen en su mayor parte del turismo). Se va produciendo al principio una expulsión de la población trabajadora a zonas de menor valor, pero en la dinámica de acumulación, llega un momento en que no hay lugar dónde ir. Y algunos se plantean marcharse de las islas.

La imagen que dio la vuelta por periódicos de toda Europa el pasado 25 de mayo, con un mallorquín convertido en esclavo de una inmobiliaria extranjera, es el mejor resumen los procesos de desposesión por compra y subordinación que se están viviendo en las islas.

Luchas y resistencias frente a un modelo depredador

Frente al mito del crecimiento económico ligado al turismo ha habido desde los inicios también movimientos sociales que cuestionaban el modelo depredador de este monocultivo. Las primeras formas de protesta vinieron de mano del movimiento ecologista.  Asociaciones históricas como el Grup Ornitològic Balear (GOB) y otros grupos han venido protagonizando movilizaciones para salvar enclaves naturales que la dinámica capitalista pretendía privatizar y poner a producir para la maquinaria del beneficio. Desde la Ocupación de Sa Dragonera en 1977, a movilizaciones más recientes como Salvem Es Trenc, que permitió en 2012 paralizar el proyecto de construcción de un macro hotel y un campo de golf en este enclave natural, o SOS Son Serra, que paralizó la instalación de chiringuitos en Son Serra de Marina. Las movilizaciones en defensa del territorio se han ido sucediendo en una lucha por frenar las dinámicas depredadoras de la industria.

Asimismo, ha habido movilizaciones ciudadanas para paralizar proyectos de destrucción de tradicionales puertos pequeños y enclaves como el movimiento Al Molinar Port Petit, el actual Salvem Portocolom, o para mantener el patrimonio y tamaño de pueblos como Deià.

En los últimos años ha sido muy activa la Plataforma contra los Megacruceros, formada por una treintena de asociaciones, trabaja en coordinación con otros países para denunciar el impacto de los megacruceros, que tiene graves consecuencias sobre el territorio y el ambiente.

Pero lo que resulta clave en estos momentos es la posible alianza entre todos los movimientos sensibles a los problemas de deterioro ecológico, y otros que ponen sobre la mesa problemáticas más inmediatamente sociales, como la vivienda. Es el caso de la plataforma Stop Desnonaments, y el Sindicat d’Habitatge de Palma, que vienen denunciando y actuando para resolver los problemas de personas que se ven forzadas a un desalojo. En los últimos años, la iniciativa Ciutat per a qui l’habita, puso de manera específica el foco en el problema del alquiler turístico y la expulsión de la población del centro de Palma.

Un intento de esta alianza de movimientos se llevó ya hace un par de años con la iniciativa La vida al centre, un manifiesto y propuesta de acciones para una transición ecosocial que nacía de la alianza de diversos colectivos del movimiento ecologista, el movimiento feminista, y asociaciones del tercer sector de lo social con proyectos de economía social y solidaria. La iniciativa llevó a cabo diversas asambleas repartidas por todo el territorio de Mallorca. Si bien, quizás nunca pudo lograr interpelar plenamente a aquellas clases sociales más golpeadas por el modelo económico de las islas (camareras de piso, trabajadorxs del aeropuerto, personas en riesgo de desahucio…).

La actual extensión del problema de la vivienda a las clases medias permite en estos momentos tejer posibles alianzas clave en una lucha frente a un modelo económico que destroza las vidas de quienes trabajan en las islas. A finales del mes de abril el Banco del tiempo de Sencelles creó un vídeo de denuncia por la situación alarmante de los precios de alquiler de la vivienda. El vídeo circuló rápidamente por toda la isla. En la reunión del 17 de mayo la plataforma Menys turisme, més vida, impulsada principalmente por asociaciones ecologistas, pero a la que se unen también movimientos ciudadanos como SOS Residents, celebró una asamblea abierta en Sineu, para tratar los problemas de la masificación turística. Es así como estas dos iniciativas marchan juntas en la manifestación de 25 de mayo en Palma. El éxito ha sido rotundo.

Pero las movilizaciones no han hecho más que empezar. Se han convocado ya nuevas asambleas, al tiempo que surgen diversas iniciativas, como la de ocupar las playas frente al turismo masivo y la privatización del espacio13/. Asociaciones de trabajadoras del turismo, como Kellys Unión Balear, se están haciendo eco del problema de la vivienda en Baleares y de la imposibilidad de sostener la vida con los salarios existentes14/. Mallorca despierta. Las alianzas que se puedan tejer en los próximos meses serán clave para el futuro de la isla.

Notas: 

  1. 1/ Una mano de obra, por otra parte, que se nutrirá ampliamente de migrantes procedentes de la Península. Igual que actualmente se nutre de población migrante de otros países.
  2. 2/ Buades, J. (2006) Exportando paraísos. La colonización turística del planeta. Palma: La Lucerna. Murray Mas, I., Yrigoy Cadena, I. Blàzquez-Salom, M. (2017) The role of crisis in the production, destruction and restructuring of tourist spaces. The case of the Balearic Islands, Revista de Investigaciones Turísticas, nº 13, 1 – 29.
  3. 3/ Harvey, D. (2017) The ‘new’ imperialism: accumulation by dispossession, En Karl Marx (pp. 213-237). Routledge. En un comentario a este texto José Manuel Naredo sugiere que tiene más sentido decir acumulación por compra puesto que se trata de un proceso de «creación liquidez por entidades privadas la que les otorga una capacidad de compra sobre el mundo con la que se van apoderando de todo tipo de activos y bienes patrimoniales (terrenos, inmuebles, acciones, empresas y entidades locales…). Es decir, una acumulación por compra e inflación de bienes patrimoniales». Centrándonos en Mallorca no podemos negar que quienes salen peor paradas en este proceso son sin duda las que no han heredado nada de lo que quiera apoderarse un inversor.
  4. 4/ El término periferia del placer es del clásico libro John Turner y Louis Ash (1991) La horda dorada. Turismo internacional y la periferia del placer. Madrid: Edymion.
  5. 5/ Blàzquez-Salom, M. y Cañada, E. (eds) (2011) Nueva colonización turística: del Mediterráneo a Mesoamérica y El Caribe. Lógicas espaciales del capital turístico. Managua: Alba Sud y GIST. Blàzquez-Salom, M., Murray Mas, I. y Artigues, A.A. (2011) La balearización global. El capital turístico en la minorización e instrumentación del Estado, Investigaciones Turísticas, Nº2, 1 – 28.
  6. 6/ Es un tema ampliamente tratado en la sociología del turismo. La búsqueda del turista de una experiencia única, auténtica, sólo conduce a la decepción. Puesto que él mismo es agente de la mercantilización y transformación del lugar, y de las personas locales. El turismo conlleva a la decepción para quien viaja, tanto por el problema de volumen (masificación), como por la propia puesta en escena de los lugares, las personas y los objetos (provocando una fabricación de estos para su consumo).
  7. 7/ Carbonero, M.A. y Abril, D. (coords) (2020) Primers impactes de la COVID-19 a la societat de les Illes Balears. Palma: UIB.
  8. 8/ Reconocido (con alegría) por la propia Real Federación Española de Golf en una nota de prensa de 2021.
  9. 9/ Wood, H. (2018) The Magaluf Girl: a public sex scandal and the digital class relations of social contagion, Feminist Media Studies, 18(4): 626 – 642. Casey, M. (2020) Magaluf: End Times for Mass Low Cost British Tourism?, en Jarazo-Ávarez, R. y Prieto-Arranz (eds) The Humanities Still Matter: Identity, Gender and Space in 21st Century Europe. Oxford: Peter Lang.
  10. 10/ Se pueden consultar los sucesivos informes de la Fundación Palma XXI, donde se analizan los procesos de gentrificación de varios de estos barrios. La tesis de Marc Morell, La flor y la muerte de un barrio, es una etnografía del proceso de gentrificación de Sa Gerreria.
  11. 11/ Vives-Miró, S., Rullan, O., González, J. (2018) Geografìes de la despossesió d’habitatge a través de la crisi. Els desnonaments Marca Palma. Barcelona: Icaria.
  12. 12/ Nadal, I. y Abril, D. (coords) Habitatge i exclusió residencial a les Illes Balears. Polítiques mercantilitzadores, respostes i resistències.
  13. 13/ Movilización animada por las rocambolescas declaraciones de la portavoz de Vox, Manuela Cañadas, quien afirmó que “los mallorquines, que vivimos directa o indirectamente del turismo, no podemos pretender querer ir a las playas en julio y agosto”.
  14. 14/ Por cuestión de espacio, no se ha podido desarrollar más este tema. La alianza con las trabajadoras del turismo es urgente. El mantra de la creación de empleo por esta industria oculta las situaciones de explotación de las trabajadoras, mayoritariamente con empleos estacionales y, por lo tanto, dependientes de la existencia de prestaciones sociales varios meses al año. Los meses de trabajo se soporta una alta intensificación, y en muchos centros de trabajo no se respeta el convenio colectivo, los contratos no recogen las horas reales de trabajo, ni los limitados descansos. Las trabajadoras tragan con situaciones que serían absolutamente insostenibles en empleos que duraran todo el año. Se ha soportado esta explotación para sobrevivir. Pero en el momento actual ni eso parece posible.
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