Sin ruptura democrática no hay ni habrá democracia en España

Protagonistas de la transición al postfranquismo: Carrillo y González

Interesante artículo de Izquierda Castellana. Tras criticar la gestión de Pedro Sánchez y su gobierno, destacando sus fallos y errores de apreciación sobre la realidad política y jurídica en España plantea la necesidad de una alternativa rupturista como única salida a la crisis de representación, política e institucional que vivimos…

Editorial. Izca.net

Sin ruptura democrática no hay ni habrá democracia en el Estado español. Sin lucha antiimperialista no hay ni habrá paz ni justicia en el mundo.

Pedro Sánchez, el “puto amo” según la descripción del Ministro de Transportes y exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, en uno de sus habituales “ejercicios dialécticos” y con su característica “elegancia discursiva”, está demostrando grandes lagunas en su capacidad cognitiva y en el análisis de la realidad, y más aún en la materialización de sus iniciativas. Últimamente falla más que una escopeta de feria. En nuestra opinión, todo ello parte de un grave error de apreciación tanto en lo referente a la naturaleza del Régimen del 78 como en cuanto a sus capacidades de intervención sobre la realidad. Muy recientemente Sánchez declaró que el ‘Procés’ estaba acabado; pues parece que no. Ni el Presidente ni su Ministro de Transportes saben nada de física, y no conocen una de sus leyes básicas, la de la conservación de la energía: “ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, principio adelantado por Lavoisier en el siglo XVIII, a lo que posteriormente se añadió que cada transformación implica una degradación, tal como está ocurriendo.

Todo lo que acontece en el panorama político español que no es del agrado del “Gobierno de Progreso” o de sus medios de comunicación es achacado a la influencia de la derechona (PP-Vox). Esta es la base de todos los errores. Lo que está volviendo a ponerse de manifiesto con rigor y en toda su intensidad no es otra cosa que la esencia del Régimen del 78. Éste surgió del acuerdo entre el franquismo y algunos sectores de la oposición a él; en eso consistió la llamada Transición. Es una completa ingenuidad considerar que en el marco político-jurídico actual, derivado precisamente del franquismo, se pueden desarrollar avances significativos desde el punto de vista democrático, tanto en lo referente a los derechos de las personas como de los pueblos. Lo que es imposible no puede ser.

Lo que está ocurriendo con la presente Ley de Amnistía, que por cierto es en sí misma un desastre jurídico, debe interpretarse bajo esa consideración: Pedro Sánchez y el “Gobierno de Progreso” pretenden situarse por encima de los condicionamientos del Régimen, pero eso se corresponde con la pura fantasía. No se sabe si el Presidente ha querido hacer esto únicamente con la expectativa de mantenerse en el Gobierno o es que, más allá de eso, consideraba que era realmente factible. En un editorial publicado el 6 de noviembre de 2023 ya decíamos que la Ley de Amnistía era muy difícilmente materializable en el marco del Régimen actual. Aparte de los déficits jurídico-formales que la propia Ley tiene, la cuestión principal es obviamente política. No se puede confundir la correlación de fuerzas parlamentaria, que por otro lado es cada vez más precaria para el “Gobierno de Progreso”, con la correlación de fuerzas política real, en la que hay que tener en cuenta al conjunto de poderes fácticos que componen el Estado, entre los cuales tiene un gran protagonismo el aparato judicial.

En los últimos tiempos, y porque afecta a “personas ilustres” próximas al Gobierno o asimilados, existe una línea de crítica a la administración de Justicia desde éste, sus medios de comunicación y los partidos que lo apoyan. Efectivamente, el aparato judicial es absolutamente antidemocrático y heredado en sus esencias del franquismo, sin depuración o cambio sustancial alguno. Incluso el famoso Tribunal de Orden Público (TOP) no fue disuelto en su sentido estricto, sino reconvertido en la actual Audiencia Nacional, un tribunal de excepción sin paralelismo alguno en ningún Estado de Europa Occidental. Parece que han descubierto ahora lo que era una evidencia desde los inicios del Régimen del 78: el uso que se hizo y se sigue haciendo del aparato judicial para criminalizar, controlar y reprimir a los movimientos que pretendemos cambios significativos en la realidad política y social. Realmente estamos ante lo que se podría denominar un “Golpe de Estado judicial”, pero desde el Gobierno no van a dar respuesta alguna ante esa agresión, porque ni tienen creencias ni voluntad para hacerlo. Estamos frente a un nuevo “tamayazo”, esta vez desde el ámbito judicial.

La ausencia de ruptura en el Estado español, la carencia de un proceso constituyente democrático y el cambalache de la Transición para alumbrar este Régimen han tenido sus consecuencias. Que el Régimen español sea monárquico, tal como dejó perfectamente establecido el franquismo, con Franco a la cabeza, es todo un indicador de esta realidad, aunque haya sectores teóricamente democráticos que se empeñen en ignorarla. La falta de un proceso constituyente democrático en el Estado español, en el que se tendrían que haber depurado las responsabilidades del Régimen franquista y la presencia del fascismo en los aparatos del Estado, ha acabado afectando a todo el entramado institucional y al conjunto social, incluyendo aquellos elementos que parecían medianamente fuera de esa influencia, facilitando la corrupción generalizada. El actual Régimen de la IIª Restauración Borbónica es al menos tan corrupto como el de la Iª. Un ejemplo reciente puede verse en el nombramiento del rector en la Universidad de Salamanca. La puesta en pie de un proceso por la ruptura democrática en los pueblos del Estado español es una prioridad.

No sabemos cuál será la posición concreta de las personas que hipotéticamente se iban a beneficiar de la Ley de Amnistía aprobada en el Congreso, Ley que el Tribunal Supremo se ha encargado de dinamitar; desde luego sería interesante que Puigdemont y compañía asumieran el reto del Tribunal Supremo y se arriesgaran, tal como han venido prometiendo, a presentarse en Cataluña cuando sea la sesión de investidura. Ya veremos si cumplen su palabra. Con respecto al Gobierno, al margen de declaraciones mediáticas, como decíamos, no esperamos absolutamente nada. Ni tienen voluntad ni fuerza real para mantener el pulso al Tribunal Supremo y a la administración de Justicia en general. Siguiendo la estrategia del llamado “Gobierno de Progreso” estamos abocados a la derrota política y a la frustración ideológica y moral. En varios editoriales hemos prevenido sobre la necesidad de que el movimiento popular evite meterse en las falsas trincheras que el Gobierno genera. Cabe recordar, una vez más, que ni tan siquiera derogaron la Ley Mordaza, espada de Damocles que cuelga permanentemente sobre la cabeza de los/as activistas y de las movilizaciones populares.

Veremos seguramente cómo se intensifica la beligerancia hacia las fuerzas políticas y sociales que seguimos manteniendo una clara posición democrática y antiimperialista en el Estado español, lo que equivale a defender e impulsar el proceso de auténtica ruptura con el franquismo que no se hizo en su momento, que sigue pendiente y que es cada vez más imprescindible. Esa ofensiva, más allá de los aspectos represivos, tiene otros frentes, como el intento de debilitamiento ideológico y organizativo de las fuerzas que mantenemos en alto esas banderas con convicción. No lo van a tener nada fácil, porque además de la firmeza demostrada a lo largo de muchos años de existencia, con una u otra estructura formal, actualmente la coyuntura internacional es favorable y da nuevos bríos y expectativas a nuestra lucha. Es de destacar cómo han reciclado a Podemos, una vez agotado el proyecto Sumar, para ser la punta de lanza en la confrontación con la izquierda que planteamos un cambio de Sistema.

Pasemos a comentar brevemente algo sobre las cuestiones globales que condicionan el escenario político general, también en el Estado español.

El imperialismo atraviesa una fase especialmente crítica. Esta consideración no nos lleva en absoluto al ingenuo optimismo de pensar que su derrota es cosa hecha. Sin embargo, ello es perfectamente posible si se desarrolla una línea de trabajo coherente y basada en el análisis científico de la realidad, y si las alternativas impulsadas también se fundamentan en esos análisis y no en el idealismo y la fantasía que impregnan al imperialismo, así como a algunas fuerzas teóricamente antiimperialistas.

El imperialismo mantiene importantes recursos militares, además de los mediáticos y los servicios de inteligencia. La globalización de la guerra se caracteriza precisamente por el protagonismo de esas herramientas y recursos. Las operaciones vinculadas a los servicios de inteligencia del imperialismo se intensifican y extienden, invirtiéndose importantes energías en desarrollar e incrementar las tensiones por todo el mundo: desde el intento de Golpe de Estado en Bolivia hasta el estímulo del conflicto interno en Siria-Turquía, pasando por África, el Mar Meridional de China con Filipinas, etc.

En la carrera hacia las elecciones presidenciales de noviembre en EEUU, cuya importancia es de primer orden, ha ocurrido un episodio significativo durante el debate entre Trump y Biden del pasado 27 de junio. Inmediatamente después del encuentro, desde algunos medios vinculados al Partido Demócrata (como el New York Times) se demandó un cambio de candidato, y lo mismo hicieron, siguiendo la voz de su amo, sus terminales españolas, como El País. En pocas horas se vino abajo una posición tan arraigada como la de que Biden era el mejor candidato para enfrentarse a Trump. Pero, ¿qué es lo que realmente ha pasado? El Tribunal Supremo de los EEUU ha dotado de una importante inmunidad, casi impunidad, a Trump; el fallo judicial fue comunicado el lunes 1 de julio, pero obviamente los máximos dirigentes políticos yanquis ya estarían enterados unos días antes del sentido exculpatorio de la resolución judicial (aunque allí se toman más en serio estas cosas, también hay contactos y filtraciones). En contra de lo que se podía pensar hace unos meses, Trump tiene prácticamente asegurada su llegada a la Casa Blanca y el apoyo progresivo de los principales poderes fácticos estadounidenses. Él solo tiene que ir adaptando su discurso en los aspectos formales. El Partido Demócrata, por su parte, no va a cambiar de candidato a estas alturas; son perfectamente conocedores de las limitaciones del actual Presidente desde hace bastantes meses. Al contrario, que el candidato siga siendo Biden parece que es parte de la maniobra para mejorar, por comparación, la imagen de Trump.

El problema principal, desde una perspectiva general, es que los yanquis no tienen mejores alternativas para dirigir el Imperio. Biden es un senil y Trump un paranoico, pero ese es el auténtico estado mental del imperialismo: senilidad y paranoia. Obviamente esto tiene sus aspectos positivos para la lucha antiimperialista.

En el Reino Unido parece que las próximas elecciones generales supondrán un desastre para los conservadores y que el Partido Laborista vencerá por amplia mayoría; ya se han encargado de depurar a este Partido de todas las corrientes y personalidades con un posicionamiento mínimamente progresista o que cuestione algunos aspectos del sionismo, preparándolo para su más que probable control sobre el Gobierno británico. De este nuevo Partido Laborista se dice que está situado más a la derecha que la versión de Tony Blair, uno de los que lideraron la intervención imperialista en Irak en 2003. Lo cierto es que el Reino Unido sigue siendo una pieza clave en la estrategia político-militar del imperialismo global; las voces críticas que profusamente han aparecido en los últimos tiempos alertando de la insuficiente preparación del Ejército -y del Estado en general- para afrontar un proceso de guerra como en el que se ha entrado, indican que el próximo Gobierno laborista será el encargado de llevar adelante esta tarea, la de adecuar la estructura militar a la nueva situación. Para ello argüirán el amplio apoyo electoral que van a tener en las próximas elecciones generales.

En la UE tienen un mayor protagonismo político las posiciones más extremistas y belicistas, y no nos referimos especialmente a lo que se denomina extrema derecha, sino a quienes hacen una mayor apología de la necesidad de la guerra contra Rusia. Un ejemplo de ello es el ascenso de la ultra estonia Kaja Kallas como Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, reconocida por sus posiciones a favor de la intensificación y extensión de la guerra contra Rusia. La posición ante este conflicto es uno de los ejes fundamentales que separan con claridad a las fuerzas auténticamente progresistas de las que son proimperialistas. En el próximo editorial abordaremos la coyuntura política en Francia.

Hay un largo camino que recorrer por delante, pero con inteligencia y una metodología correcta, ese camino puede y tiene que llevarnos a la victoria.

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